dilluns, 15 de maig del 2017

Memorias de Winston S. Churchill (XIV)


LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



Dos audaces operaciones en Holanda
(Con objeto de cruzar el bajo Rin, se llevó a cabo una tentativa para establecer una cabeza de puente en Arnhem mediante la acción combinada del 30.° Cuerpo de Ejército británico y tropas aerotransportadas británincas, norteamericanas y polacas.)

Montgomery tenía intención de lanzar la 1ª División aerotransportada británica, apoyada más tarde por la brigada polaca, sobre la margen septentrional del bajo Rin al objeto de apoderarse del puente de Arnhem. La 82ª División aerotransportada norteamericana había de apoderarse de los puentes existentes en Nimega y Grave, mientras la 101.a División aerotransportada norteamericana tendría como misión adueñarse de la carretera de Grave a Eíndhoven.
El 30 Cuerpo de Ejército, con la división blindada de los «Guards» en vanguardia, se abriría paso hasta la carretera de Eindhoven y de allí hasta Arnhem a lo largo de la «alfombra» de tropas aerotransportadas, con la esperanza de encontrar los puentes sobre los tres principales obstáculos acuáticos ya firmemente en manos de aquellas fuerzas.

Objetiva codiciado: Arnhem

Los preparativos dé aquel golpe tan audaz, que había de ser con mucho la mayor operación de ese género intentada jamás, eran complicados y urgentes, pues el enemigo iba cobrando nuevo vigor día tras día. Es realmente notable que todo estuviese dispuesto para la fecha prevista: el 17 de septiembre. No había suficientes aviones para llevar simultáneamente a todas las tropas aerotransportadas, y el movimiento debía ser efectuado en el curso de tres días.
No obstante, el 17 de septiembre los elementos avanzados de las tres divisiones fueron transportados a su destino gracias a la  excelente labor de. la aviación aliada. La 101 División norteamericana llevó a cabo la mayor parte de su tarea, pero un puente tendido sobre un canal en la carretera de Eindhoven fue volado por el enemigo y la mencionada unidad no pudo ocupar la ciudad hasta el 18 de septiembre. La 82 División norteamericana tam
bién actuó en debida forma, pero no le fue posible apoderarse del puente principal de Nimega. Las noticias procedentes de Arnhem eran escasas, pero al parecer algunos elementos de nuestro regimiento de paracaidistas se habían establecido en el extremo septentrional del puente. La división blindada de los «Guards», integrada en el 30.° Cuerpo de Ejército, empezó a avanzar por la tarde por la carretera de Eindhoven, precedida por una barrera de artillería y aviones lanzacohetes.
El flanco derecho del 30.° Cuerpo de Ejército estaba protegido por el VIII Cuerpo de Ejército y el flanco izquierdo por el III. La carretera se hallaba obstinadamente defendida por las tropas alemanas, y los «Guards» no establecieron contacto con los norteamericanos hasta el 18 de septiembre, por la tarde. Los ataques enemigos contra el angosto saliente Eindhoven-Nimega empezaron al día siguiente y fueron creciendo en intensidad. La 101 División tenía grandes dificultades para mantener abierta la carretera. En ocasiones era preciso interrumpir el tráfico hasta que el enemigo era rechazado.


Esfuerzos Inútiles
Entre tanto, las noticias que se recibían de Arnhem eran malas. Nuestros paracaidistas conservaban aún en su poder el extremo norte del puente, pero el enemigo continuaba instalado en la población, y el resto de la 1ª División aerotransportada, que había desembarcado en la parte occidental de aquel sector, no logró abrirse paso y por consiguiente, no pudo reforzar a los paracaidistas.
El canal fue cruzado el 18 de septiembre, y  la mañana siguiente, a primera hora, los «Guards» pudieron avanzar sin gran dificultad hacia Grave, donde encontraron a la 82 División norteamericana. Al anochecer se hallaban junto al puente de Nimega, vigorosamente defendido y el 20 de septiembre se registró una lucha terrible por la posesión del mismo. Los norteamericanos cruzaron el río al oeste de la población, giraron hacia la derecha y se adueñaron del punto terminal del puente del ferrocarril.

Los «Guards» cargaron a través del puente de la carretera. Los defensores se vieron desbordados y ambos puentes fueron ocupados intactos. Faltaba cubrir la última etapa hasta Arnhem, donde el mal tiempo había obstaculizado la llegada de refuerzos, víveres y municiones, y la 1ª División aerotransportada estaba en situación ya desesperada. En la imposibilidad de llegar al puente, el resto de la división quedó confinado en un reducido perímetro en la margen septentrional y hubo de soportar violentos ataques enemigos.
Port d' Amberes
Desde el margen meridional se hacían todos los esfuerzos posíbles para socorrer a aquellas tropas, pero el enemigo era demasiado fuerte. Los «Guards», la 43 División y la brigada polaca da paracaidistas se dejaron caer en puntos cercanos a la carretera, pero fracasaron todos sus valerosos intentos de ayuda. La lucha prosiguió durante cuatro días más, pero en vano. El 25 de septiembre Montgomery ordenó a los supervivientes de la brava 1ª División aerotransportada que emprendiesen la retirada. Tenían que cruzar de noche el río de corriente muy rápida, en aquel punto  en embarcaciones pequeñas y bajo el fuego proximo del enemigo.
Al amanecer unos 2.400 hombres de los 10.000 que habían iniciado la acción se hallaban ya a salvo en la margen meridional. Incluso después de que todo hubo terminado en Arnhem continuaron los duros combates por espacio de quince dias a fin de retener las posiciones que habíamos conquistado. Los alemanes se daban cuenta de que nuestro saliente ponía en peligro toda la margen occidental del bajo Rin, y los acontecimientos ulteriores demostraron que tenían razón. Efectuaron muchos y violentos contraataques con objeto de reconquistar Nimega.
El puente fue bombardeado desde el aire y deteriorado aunque no destruido, por audaces nadadores con cargas explosivas de demolición. Gradualmente los tres cuerpos del II Ejército ampliaron el saliente de ochenta kilómetros hasta que tuvo unos treinta kilómetros de ancho. Era aún demasiado estrecho, pero por el momento bastaba, Graves riesgos se corrieron en la batalla de Arnhem, pero quedaron justificados por la importante presa que teníamos tan cerca de nuestra mano. Si las condiciones atmosféricas — que se volvieron contra nosotros en momentos críticos y restringieron nuestra superioridad aérea — nos hubiesen sido más favorables, es muy probable que hubiésemos triunfado. Las valerosas fuerzas que lucharon por conquistar Arnhem-—incluyendo a los elementos de la. Resistencia holandesa — no se amilanaron ante el peligro. 

El estuario del Escalda, zona vital
Desembarcament Amberes
Las operaciones encaminadas a despejar el estuario del Escalda y abrir a la navegación el puerto de Amberes habían sido demoradas por mor de la acción emprendida contra Arnhem.
Después se les concedió prioridad absoluta.
Una serie de acciones preliminares había preparado la escena durante la segunda quincena de septiembre. El II Cuerpo de Ejército canadiense había hecho retroceder al enemigo desde la línea Amberes-Gante-Brujas hasta la limitada «isla» de Breskens, unida a tierra firme al Sur por el canal Leopoldo.
Al este de Amberes el I Cuerpo de Ejército británico, también bajo el mando del Ejército canadiense, había alcanzado y cruzado el canal Amberes-Turnhóut. El problema tenía tres aspectos bien definidos: la conquista de la «isla» de Breskens; la ocupación de la península de Beveland del Sur; finalmente, la conquista de la isla de Waicheren mediante ataques desde el Este, el Sur y el Oeste. Las dos primeras acciones fueron realizadas simultáneamente.
La «isla» de Breskens, defendida por una veterana división enemiga, resultó ser una posición difícil de tomar; para cruzar el Canal Leopoldo hubo que librar violenta lucha. Rompió el equilibrio a nuestro, favor una brigada canadiense que, remontando la corriente en pequeñas unidades navales, desembarcó en el extremo oriental de la «isla» y se abrió paso a lo largo de la costa hacia Breskens, que cayó el 22 de octubre.
Entre tanto el 1er Cuerpo de  Ejército habla ido avanzando lentamente, pero con firmeza, al nordeste del canal Amberes-Turnhout, frente a una oposición enemiga cada vez mayor. El istmo de Beveland meridional quedó cortado, con lo cual fue posible establecer planes para continuar las operaciones hasta el oeste en dirección  Walcheren,
Esta ardua tarea fue acometida por la II Division Canadiense que se abrió paso hacia el Oeste a través de amplias zonas inundadas, avanzando sus hombres en muchas ocasiones con agua hasta la cintura. Les ayudó la mayor parte de la 82 División británica, que fue transportada a Través del Escalda y desembarcó en la orilla meridional, de Baarland. Al terminar el mes, tras grandes esfuerzos todo el istmo se hallaba en poder de las tropas aliadas.
Entre tanto, las últimas bolsas enemigas en las islas de Breskens estaban siendo eliminadas y todo se encontraba dispuesto para el ataque contra Walcheren. El éxito del Ejército canadiense fue una acción preliminar esencial para operaciones más espectaculares. En cuatro semanas de dura lucha, en el curso de las cuales el 2° Grupo de la aviación táctica, a las órdenes del mariscal del aire Coningham, les prestó notable apoyo, aquellas tropas capturaron no menos de doce mil quinientos prisioneros alemanes que estaban dispuestos a todo menos a rendirse.
Westkapelle


Ofensiva en regla contra Walcheren
 La isla de Walcheren tiene forma de plato y está bordeada por un cinturón de dunas que impiden que el mar inunde la llanura central. En el extremo occidental, cerca de Westkapelle, existe un hueco en las dunas en el que el mar es contenido mediante un gran dique de diez metros de alto y más de cien metros de ancho en la base.
La guarnición compuerta de diez mil hombres, estaba instalada en solidas defensas artificiales y apoyada por unas treinta baterías do Artillería, alguna de ellas de grueso calibre y asentadas en emplazamientos de cemento armado. Abundaban los obstáculos antitanques, minas y alambradas, pues el enemigo había tenido cuatro años para fortificar la puerta de acceso a Amberes.
A primeros de octubre la R.A.F. asestó el primer golpe. En una serie de brillantes ataques, abrió un gran boquete, de casi cuarenta metros de ancho en el dique de Westkapelle. El mar se precipitó a través de él e inundó todo el centro del «plato», sepultando todas las defensas y las baterías instaladas en aquella zona. Pero los emplazamientos y los obstáculos más formidables se hallaban en el borde del «plato», y la conquista de aquel cinturón solo puede ser explicada aquí a grandes rasgos. El ataque fue concéntrico. Por el Este la 8.» División canadiense
avanzó desde Beveland meridional a través del istmo y finalmente estableció una cabeza de puente con la ayuda de una brigada de la 52.a División. En el centro, el 1 de noviembre, la unidad número 4 de «comandos» fue transportada, por vía marítima desde Breskens y efectuó un osado desembarco en el frente costero de Flushing. .Aquella primera oleada fue seguida rápidamente por tropas de la 52.a División, que se abrieron paso a viva fuerza hasta el interior de la población. El ataque principal procedió del Oeste y corrió a cargo de tres unidades de «comandos» de infantería de Marina, bajo el mando del brigadier Leicester.
Embarcaron en Ostende, pusieron rumbo a Westkapelle y el 1 de noviembre, a las siete de la mañana, divisaron la torre del faro. Cuando ya se acercaban a la costa, la escuadra naval de bombardeo abrió fuego. Estaban allí el navio británico «Warspite» y los dos monitores «Erebus» y «Roberts», provistos de cañones de 380 mm., junto con una escuadra de unidades artilladas de desembarco. Estas últimas se aproximaron hasta poca distancia de la costa y, a pesar del elevado número de bajas que les causó el enemigo, siguieron disparando hasta que las dos unidades de «comandos» que iban en vanguardia estuvieron firmemente instaladas en tierra. La número 41, que desembarcó en el extremo septentrional del hueco de las dunas, junto al dique, se apoderó del pueblo de Westkapelle y prosiguió hacia Domburg.
La número 48, que desembarcó al sur del dique, topó  luego con una resistencia feroz. A pesar de lo valioso que había sido el fuego naval de protección, faltaba la ayuda principal: estaba previsto un intenso bombardeo aéreo para la víspera de la acción, pero la densa niebla impidió que nuestros aviones despegaran. Unos ataques muy eficaces de los caza-bombarderos apoyaron el desembarco en el momento critico, pero lo soldados de infantería de Marina encontraron una oposicion mucho más vigorosa, procedente de unas defensas mucho menos malparadas de lo que habíamos esperado.
Aquel día, a última hora de la tarde, la unidad número 48 de «comandos» había avanzado tres kilómetros a lo largo de la franja costera en dirección a Flushing, pero se vio detenida por el fuego de una potente batería empotrada en una estructura do hormigón. Entró en acción toda la artillería del I Ejército Canadiense, disparando por elevación desde la costa de Breskens, y los aviones lanza-cohetes atacaron las aspilleras. A la luz incierta del anochecer las fuerzas de tierra mataron o apresaron a los defensores. A la mañana siguiente siguieron avanzando y al mediodia tomaron Zouteland. 

Allí entró en fuego la unidad número 47, que frente a una resistencia cada vez más débil llegó a las afueras de Flushing. El 3 de noviembre estableció contacto con la unidad número 4 de «comandos», tras encarnizada lucha casa por casa en el interior de la población. En pocos días toda la isla estaba en nuestras manos, con ocho mil prisioneros.

Pausa obligada
En cuanto Flushing quedó firmemente en poder nuestro, iniciaron su tarea los dragaminas y en el curso de las tres semanas siguientes se utilizaron cien de dichas unidades navales para limpiar  el estuario de noventa kilómetros de largo. El 28 de noviembre llegó el primer convoy y Amberes quedó por fin abierto para los ejércitos británico y norteamericano.
Las bombas volantes y los proyectiles-cohete enemigos hostilizaron a la ciudad durante algun tiempo y causaron muchas víctimas, pero no interfirieron las operaciones militares, como no las interferían los ataques similares contra Londres. La dura prueba a que se veía sometida Amberes no era la única razón para tratar de empujar a los alemanes hasta mayor distancia. Cuando la 2.a División canadiense se lanzó hacia el Oeste para entrar en Beveland meridional, había aún cuatro divisiones alemanas encerradas en una bolsa al sur del río Mosa y al oeste del pasillo de Nimega.
Constituía aquél un saliente embarazoso, que el 8 de noviembre quedó eliminado por el I y el XII Cuerpos de Ejército. En el otro flanco del pasillo de Nimega seguía resistiendo un enemigo obstinado, al oeste del Mosa, en una bolsa cuyo centro era Venlo. Más al Sur el I Ejército norteamericano abrió una brecha en la Línea Sigfrido al norte de Aquisgrán en la primera semanas de octubre.
La ciudad fue atacada por tres lados y se rindió el 21 de octubre. En el flanco de aquella unidad, el III Ejército se hallaba a treinta kilómetros al oeste del Mosela. El VII Ejército y el I Ejército francés se habían unido y tanteaban el terreno en dirección a los altos Vosgos y hacia el portillo de Belfort Los norteamericanos habían agotado prácticamente sus reservas de material y otros pertrechos en el curso de sus fulminantes avances del mes de septiembre, por lo cual se imponía una pausa con objeto de establecer depósitos de suministro y disponer lo necesario para operaciones en gran escala en el mes de noviembre.

La Vanguardia 24-11-1953



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